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Protege la información confidencial de tu empresa al usar la IA

Protege la información confidencial de tu empresa al usar la IA

Las herramientas de inteligencia artificial permiten mejorar la productividad de cualquier empresa, pero también pueden convertirse en una vía de exposición de información estratégica si no se utilizan correctamente. Antes de implantar IA es imprescindible identificar qué información constituye un secreto empresarial, establecer reglas sobre qué datos pueden introducirse en estas herramientas, revisar los contratos con los proveedores y definir controles internos que garanticen la confidencialidad. La mejor forma de proteger el conocimiento de la empresa no es prohibir la IA, sino utilizarla dentro de un marco jurídico y organizativo adecuado.

El mayor riesgo de la inteligencia artificial no siempre son los datos personales

Cuando una empresa comienza a utilizar herramientas como ChatGPT, Microsoft Copilot, Gemini o cualquier otra solución basada en inteligencia artificial, la primera preocupación suele centrarse en el Reglamento General de Protección de Datos.

Sin embargo, en muchas organizaciones el riesgo económico más importante no está relacionado con los datos personales, sino con la información confidencial y los secretos empresariales.

Proyectos en desarrollo, estrategias comerciales, ofertas económicas, algoritmos propios, documentación técnica, información financiera, código fuente, planes de expansión o bases de clientes son activos cuyo valor puede ser muy superior al de cualquier dato personal.

Si esa información termina incorporándose a plataformas externas sin las garantías adecuadas, el impacto para la empresa puede ser enorme.

Qué se considera un secreto empresarial

No toda la información interna de una empresa constituye un secreto empresarial.

En términos generales, hablamos de información que:

  • tiene valor precisamente porque no es conocida públicamente;
  • proporciona una ventaja competitiva;
  • ha sido objeto de medidas razonables para mantener su confidencialidad.

Entre los ejemplos más habituales encontramos:

  • estrategias comerciales;
  • algoritmos desarrollados internamente;
  • procesos productivos;
  • modelos predictivos;
  • código fuente;
  • documentación técnica;
  • estudios de mercado;
  • estructuras de precios;
  • listas de clientes;
  • planes de negocio;
  • investigaciones y proyectos de I+D.

Si esta información se comparte sin control, la empresa puede perder una ventaja competitiva difícilmente recuperable.

Cómo puede poner en riesgo la IA la información confidencial

El riesgo no suele estar en la herramienta, sino en el uso que hacen las personas.

Cada día miles de empleados utilizan asistentes de IA para:

  • resumir contratos;
  • redactar informes;
  • preparar ofertas;
  • revisar código;
  • traducir documentos;
  • generar presentaciones;
  • responder correos.

En muchas ocasiones copian directamente información procedente de documentos internos sin analizar previamente:

  • dónde se procesa;
  • quién puede acceder;
  • cómo se almacena;
  • si puede utilizarse para mejorar modelos;
  • qué garantías ofrece el proveedor.

Este comportamiento puede provocar que información altamente sensible salga del entorno controlado de la empresa.

El problema del «Shadow AI»

Uno de los fenómenos que más preocupa actualmente a los departamentos jurídicos y de compliance es el denominado Shadow AI.

Se produce cuando los empleados utilizan herramientas de inteligencia artificial por iniciativa propia, sin autorización ni conocimiento de la empresa.

Esto puede implicar que información estratégica termine siendo procesada por plataformas que:

  • no han sido evaluadas;
  • no tienen contrato firmado con la empresa;
  • almacenan información fuera del Espacio Económico Europeo;
  • incorporan condiciones incompatibles con la política de confidencialidad de la organización.

En la práctica, muchas fugas de información comienzan precisamente de esta manera.

Qué información nunca debería introducirse en una herramienta de IA

No existe una lista universal, pero como regla general conviene evitar introducir:

  • contratos confidenciales;
  • información financiera no publicada;
  • código fuente propietario;
  • documentación de clientes;
  • estrategias comerciales;
  • información de procesos internos;
  • credenciales o claves de acceso;
  • documentación de operaciones corporativas;
  • información protegida por acuerdos de confidencialidad;
  • cualquier dato cuyo acceso esté limitado dentro de la empresa.

Cuando sea imprescindible trabajar con este tipo de información, debe analizarse previamente si la herramienta utilizada ofrece las garantías necesarias y si existen medidas adicionales de protección.

Los contratos con proveedores son la primera línea de defensa

Muchas empresas utilizan soluciones de IA aceptando simplemente las condiciones generales del proveedor.

Este es uno de los errores más habituales.

Antes de contratar una herramienta conviene revisar aspectos como:

Uso de la información para entrenamiento

Debe quedar claro si el proveedor puede utilizar los datos introducidos para entrenar o mejorar sus modelos.

Siempre que sea posible, resulta recomendable optar por soluciones que permitan desactivar esta posibilidad o contratar versiones empresariales con garantías específicas.

Confidencialidad

El contrato debe establecer obligaciones claras respecto al tratamiento de la información confidencial, las medidas de seguridad aplicables y las responsabilidades en caso de incumplimiento.

Ubicación de la información

Es importante conocer:

  • dónde se almacenan los datos;
  • qué subencargados intervienen;
  • si existen transferencias internacionales;
  • qué medidas de seguridad aplica el proveedor.

Portabilidad y eliminación

La empresa debe saber qué ocurre con la información cuando deja de utilizar el servicio y cómo puede recuperarla o eliminarla de forma segura.

La política interna de IA también protege los secretos empresariales

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que basta con confiar en el criterio de los empleados.

La experiencia demuestra que las empresas necesitan reglas claras.

Una política interna de uso de IA debería establecer, entre otras cuestiones:

  • qué herramientas pueden utilizarse;
  • qué información está prohibido introducir;
  • cuándo es necesaria autorización previa;
  • cómo deben revisarse los resultados generados;
  • qué departamentos pueden utilizar determinadas soluciones;
  • cómo actuar ante un incidente relacionado con IA.

Estas reglas reducen significativamente el riesgo de fugas de información.

Formación: el control más eficaz y más olvidado

La mayoría de incidentes relacionados con inteligencia artificial no se producen por fallos tecnológicos, sino por errores humanos.

Por ello, la formación debe ocupar un papel central.

Los empleados deberían conocer:

  • qué riesgos existen;
  • qué herramientas están autorizadas;
  • qué información pueden utilizar;
  • cómo detectar situaciones de riesgo;
  • a quién dirigirse cuando tengan dudas.

Una plantilla formada constituye una de las mejores medidas de protección.

Cómo implantar IA sin comprometer la información confidencial

Las empresas que obtienen mejores resultados no son las que restringen completamente el uso de la inteligencia artificial, sino las que establecen un modelo de gobernanza claro.

Ese modelo suele apoyarse en varios pilares:

  • inventario de herramientas autorizadas;
  • clasificación de la información;
  • revisión jurídica de proveedores;
  • política interna de uso;
  • supervisión de nuevos casos de uso;
  • controles de seguridad;
  • formación continua;
  • auditorías periódicas.

Este enfoque permite aprovechar las ventajas de la IA sin poner en peligro el conocimiento estratégico de la organización.

Señales de que tu empresa necesita revisar urgentemente el uso de IA

Existen algunos indicadores que deberían hacer saltar las alarmas:

  • Los empleados utilizan ChatGPT o herramientas similares sin autorización.
  • No existe una política interna de uso de IA.
  • Se desconoce qué soluciones están utilizando los distintos departamentos.
  • No se han revisado los contratos con los proveedores de IA.
  • La empresa gestiona información altamente confidencial.
  • No existe un procedimiento para clasificar la información antes de utilizar herramientas de IA.

Si alguna de estas situaciones se produce, conviene realizar una revisión jurídica cuanto antes.

Cómo puede ayudarte RZS Abogados

En RZS Abogados ayudamos a las empresas a implantar inteligencia artificial sin comprometer la confidencialidad de su información estratégica. Analizamos los riesgos asociados a cada herramienta, revisamos contratos con proveedores tecnológicos, diseñamos políticas internas de uso de IA, desarrollamos modelos de gobernanza y establecemos controles para proteger secretos empresariales, información confidencial y activos intangibles de alto valor.

Nuestro objetivo es que las empresas puedan aprovechar todo el potencial de la inteligencia artificial sin poner en riesgo aquello que las hace realmente competitivas.

La información confidencial constituye uno de los activos más valiosos de cualquier empresa. La inteligencia artificial ofrece enormes oportunidades para mejorar la productividad, pero también incrementa el riesgo de exposición si no existen controles adecuados.

Antes de implantar cualquier herramienta de IA conviene identificar qué información merece una protección especial, revisar las garantías ofrecidas por los proveedores y establecer políticas internas que permitan utilizar estas tecnologías de forma responsable.

En RZS Abogados te ayudamos a implantar la inteligencia artificial de forma segura, legal y ética. Evaluamos tus riesgos, adaptamos tus políticas internas y te acompañamos en la toma de decisiones.

*Imágenes diseñadas por Freepik

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