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12 octubre

Es curioso cómo en este nuestro país, las cosas se repiten como si del día de la marmota se tratara. El último ejemplo tangible que hemos tenido ha sido el 12 de octubre, día de la hispanidad, fiesta nacional y día del Pilar, entre otras cosas. Y digo que todo se repite porque, una vez más, y como es de esperar en esta piel de toro que lleva siglos en una catarsis de autodestrucción (lo siento, pero hoy me he levantado en modo pesimista) cada cual ha arrimado el ascua a su sardina sin la menor consideración ni preocupación por eso que llaman el bien común; aunque, en honor a la verdad, he de decir que de común tenemos bastante poco en España. Vamos, que si hacemos un repaso por lo que cada uno ha dicho y ha hecho, parece que en vez de celebrar el 12 de octubre, está el personal escribiendo un guión de cine para los geniales hermanos Marx.

Empecemos por el joven Albert Rivera, que nos dice “Si uno aspira a ser presidente del Gobierno de España, tiene que celebrar el Día de España”, lo que me lleva a preguntarme ¿solo los que aspiran a ser presidente?. Continuemos con el lendakari Sr. Urkullu (ausente, por supuesto, porque ni está ni se le espera), pues ha manifestado que el PNV no asistirá mientras no se reconozca la “nación vasca”. Al parecer, Urkullu es PNV antes que lendakari de todos los vascos, y lo malo es que ni me sorprende ya a estas alturas. Los de Podemos no se ponen de acuerdo (ya tampoco me sorprende), pues mientras la alcaldesa de Madrid, está “contenta” por participar como institución, su jefe máximo, el Sr. Iglesias, se autoconsideró “más útil” defendiendo la “justicia social”, aun cuando no sé muy bien a qué dedicó el 12 de octubre. Y como colofón, no podemos olvidar al inefable Kichi, que manifestó que “nunca descubrimos América” (toma del frasco, Carrasco) o a la Sra. Colau, que más radical si ello es posible, nos dice que es una vergüenza de estado el que “celebra un genocidio y se gasta 800 millones en un desfile militar”. Tranquila que se habrá quedado la muchacha. Y, para terminar con este ejemplo de disparates, resulta que ya ni de la cabra de la legión te puedes fiar, que ahora resulta que no es macho, sino hembra, pero se llama “Pablo”. Vamos, que viene al pelo esa frase: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”.

Con lo fácil que es decir que soy español y que estoy orgulloso de serlo, con lo fácil que es ver la bandera como lo que es, un símbolo constitucional que nos identifica en todo el mundo, al igual que nuestro jefe de Estado, el rey. Con lo fácil que es estar orgulloso de Cervantes, Quevedo, Ortega y Gasset, Cela, Ramón y Cajal, de la selección campeona de Europa y del Mundo, de Picasso, Velázquez, Martínez Montañés o Juan de Mesa, de Goya, Santa Ángela de la Cruz, de Paco de Lucía, Andrés Segovia o Camarón. Y ya puestos, de la de la fabada, del vino de Rioja, Rivera o Jerez, del cocido madrileño, gazpacho, paella, del albariño y chacolí, del jamón de Jabugo… y hasta de Mortadelo y Filemón.

Pero no, entonces no seríamos España y no tendríamos un 12 de octubre para que cada uno diga la primera patochada que se le pasa por la cabeza.

Manuel Salinero González-Piñero
Abogado RZS

Publicado en: Viva Sevilla

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