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Factores que pueden reducir la indemnización del agente comercial

La resolución de un contrato de agencia por parte del empresario suele provocar la inmediata reclamación por parte del agente de las indemnizaciones que, en principio, le corresponden y que son:

1. La indemnización por clientela, y

2. La indemnización por gastos no amortizados (también llamada indemnización por daños y perjuicios).

No obstante, dichas indemnizaciones no siempre resultarán procedentes, pudiendo liberarse el empresario de tener que satisfacerlas cuando no se cumplan los requisitos para su exigibilidad.

Respecto a la indemnización por clientela, ésta será reclamable cuando:

1. El agente haya aportado nuevos clientes al empresario o haya incrementado sensiblemente las operaciones con la clientela preexistente;

2. El trabajo del agente vaya a continuar produciendo ventajas sustanciales al empresario; y

3. Resulte equitativamente procedente, dadas las circunstancias particulares del caso.

No obstante, la realidad es que los jueces suelen ser bastante poco exigentes a la hora de considerar probados dichos requisitos, especialmente, los dos últimos.

Respecto a su importe, éste será, como máximo, la remuneración media anual del agente, calculada sobre los últimos cinco años o de todo el contrato si éste tuviera duración inferior. Aunque, nuevamente, ha de decirse que la realidad es que los agentes suelen reclamar ese máximo y los tribunales lo suelen conceder.

Por su parte, la indemnización por gastos no amortizados requiere para su concesión que:

1. Por indicación del empresario, el agente haya incurrido en gastos para el cumplimiento del contrato de agencia, si bien a veces basta con que haya habido una mera sugerencia; y

2. El contrato de agencia haya sido terminado por voluntad del empresario antes de que el agente hubiera podido amortizar dichos gastos.

Su cuantía vendrá determinada por las inversiones incurridas por el agente siguiendo las instrucciones del empresario.

En todo caso, y aun cuando se cumplan los requisitos para su exigibilidad, estas indemnizaciones podrán reducirse cuando la decisión del empresario de extinguir el contrato se deba a un grave incumplimiento de la principal obligación del agente, que es la de desempeñar la labor de promoción con la diligencia debida o de cualquiera otra de sus obligaciones legales o contractuales de carácter esencial, entre las que destaca el deber de respetar, en su caso, los pactos de exclusividad firmados, o no desempeñar una actividad análoga o competitiva con la del empresario sin el consentimiento de éste.

Además de las anteriores causas reductoras de ambas indemnizaciones, la jurisprudencia ha apuntado otros factores que pueden minorar la indemnización por clientela. Estos son:

1. Que el incremento de la facturación de la cartera del agente se deba a causas ajenas su actividad, como inversiones en publicidad y promoción llevadas a cabo por el empresario, un incremento del “prestigio de la marca” o la dinámica del mercado.

2. Que los clientes captados por el agente abandonen la cartera del empresario por cualquier causa no imputable éste último o no vayan a poder seguir produciendo ventajas para el empresario, por ejemplo, por haber devenido insolventes.

3. Que el agente incremente la facturación a costa de captar nuevos clientes pero pierda parte de los tradicionales por haberlos descuidado o pase a compartirlos con la competencia. Y es que un cliente antiguo suele ser más fiel y estable que uno nuevo.

4. Que por la naturaleza del producto o servicio, los clientes captados por el agente no pudieran tener carácter habitual o recurrente o durante la vigencia del contrato de agencia se hubiera producido una pérdida considerable de clientes nuevos que haga presumir que los nuevos clientes captados por el agente van a durar poco tiempo.

5. Que el agente hubiera recibido como remuneración una cantidad fija que le hubiera exonerado del riesgo empresarial.

Por otro lado, y en relación solo a la indemnización por gastos no amortizados, consideran nuestros tribunales que son causa para su minoración las siguientes situaciones:

1. Que la falta de amortización sea imputable al agente, por deberse, por ejemplo, a una disminución injustificada de su rendimiento que, de no haberse producido, hubiera permitido la referida amortización.

2. Cuando las inversiones realizadas por el agente, por indicación del empresario, le hayan proporcionado alguna utilidad al margen del contrato que mantenía con dicho empresario o se las puedan proporcionar en el futuro, siendo el caso típico el del agente que desarrolló su actividad no sólo para el empresario en cuestión, sino también para otros empresarios o incluso por cuenta propia.

En definitiva, la resolución de un contrato de agencia por parte del empresario, en principio, da derecho al agente a reclamar las indemnizaciones explicadas, si bien su exigibilidad requiere que se cumplan los requisitos legales para ello y, en todo caso, éstas podrán reducirse cuando concurran ciertas circunstancias.

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