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Emprendedor: Cómo afrontar la entrada de un inversor

Desde hace años RZS Abogados se ha especializado en asesorar a sus clientes con ocasión de la toma de participación de un inversor en compañías, especialmente, ligadas al sector internet; operaciones en las que en los últimos meses RZS Abogados está participando de forma más acentuada tanto desde la posición del inversor como desde la óptica de la sociedad que la obtiene.

Nos centraremos en este breve artículo, en el segundo de los supuestos y específicamente en el emprendedor que se atrevió a lanzar su nuevo proyecto, en el cual ha depositado toda su confianza, sus esfuerzos, incluso sus recursos económicos, y que tras una primera fase de consolidación del negocio recibe ofertas para la toma de participación en la compañía a sabiendas del potencial existente.

Esta circunstancia provoca en el emprendedor “no experimentado”, tras el momento de euforia inicial, una incertidumbre hacia lo “desconocido”, empieza a sentirse desprotegido frente al inversor que posee los recursos económicos que necesita, bien para el desarrollo de una nueva rama de actividad bien para dar el salto a una segunda fase,…, y en muchos casos a sabiendas de que si no se materializa dicha inversión el negocio puede fracasar a pesar de su crecimiento inicial.

Los inversores habituados a este tipo de actuaciones presentan sus requerimientos para llevar a término su inversión, teniendo perfectamente clara su estrategia y objetivos, lo que les hace normalmente partir con cierta ventaja.

Se inicia por tanto una negociación que el emprendedor a veces no sabe manejar, ya que normalmente se siente en una posición de inferioridad otorgando determinadas prebendas al inversor atendiendo a la idea de que el que aporta la financiación tiene mayor fuerza negociadora, cuando la realidad no siempre es así.

El emprendedor debe defender su posición, arriesgó y creó una empresa con un valor actual y potencial que atrae inversores, por tanto desde nuestro punto de vista el valor reside en el negocio, en ese proyecto que empieza a florecer y que tiene perspectivas de crecimiento. Lo anterior debe situar la negociación en un nivel de equilibrios que permita al emprendedor continuar su negocio con cierta libertad y defendiendo su proyecto y su “peso” real en la compañía, mientras que el inversor pueda acceder a la información necesaria que le permita conocer el estado y evolución de la compañía/inversión arbitrando determinados instrumentos de control de la gestión,… En definitiva prever los mecanismos que permitan al inversor “controlar” su riesgo y al emprendedor continuar con el desarrollo del negocio, generando una empresa rentable y con un valor creciente en el medio y largo plazo.

Lo anterior debe entenderse desde una perspectiva general ya que habrá que descender a cada caso concreto para poder realizar una aproximación más acertada de las necesidades e intereses que deben ser protegidos en cada caso. Pensemos, por ejemplo, en el caso del inversor que se involucra en el día a día y se integra en el proyecto aportando no sólo dinero sino esfuerzo (si bien suele ser una rara avis)

Con todo, recomendamos que el emprendedor se asesore y proteja sus intereses, utilizando como instrumento esencial el conocido Pacto de Socios (de cuyo contenido hablaremos en artículos posteriores)

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