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El Pacto de Socios: una herramienta útil

Según la información publicada recientemente por la Asociación Española de Entidades de Capital Riesgo (ASCRI), en 2012 se contrajo de forma sustancial la inversión de las capital riesgo en España, tanto aquellas con sede extranjera como las nacionales.

La anterior afirmación no sorprende atendiendo a la situación en la que se encuentra España, y es que el riesgo país, dicho en términos amplios, dificulta de forma considerable la atracción de inversión.

El descenso de la inversión de las entidades de capital riesgo es un dato más que confirma los bajos registros de actividad inversora que lleva viviendo España desde hace años. Sin embargo, el maremágnum de datos negativos publicados en la prensa económica, con los que desayunamos desde hace muchos meses, no debe ensombrecer a aquellos empresarios que con proyectos muy bien cimentados en sectores menos afectados por la crisis ofrecen tasas de rentabilidad muy atractivas.

Por tanto me referiré a la inversión en empresas no cotizadas en funcionamiento capaces de generar cuantiosas plusvalías a sus inversores.

RZS Abogados ha intervenido y asesorado en numerosas operaciones de inversión, y muy especialmente durante los últimos años, tanto desde la perspectiva del inversor como a favor del receptor de la inversión, lo que nos ha permitido adquirir una importante experiencia en estas operaciones (en diferentes modalidades: capital semilla, arranque, expansión, MBO,…)

Centrándonos en operaciones de toma de participación en una sociedad en la que conviven dos perfiles: inversor y emprendedor/empresario, en artículos anteriores tratamos, aunque de forma sucinta, el equilibrio de fuerzas durante el periodo de negociación, por lo que en este caso me centraré en la importancia de un instrumento que se revela de especial y creciente utilidad: el Pacto de Socios (pactos reservados contemplados en el artículo 29 de la Ley de Sociedades de Capital).

Y es que en la mayoría de las operaciones en las que hemos intervenido de este tipo, el Pacto de Socios se ha revelado como un documento imprescindible para todos los partícipes en la operación, dado que se trata de un documento que permite fijar responsabilidades, derechos y obligaciones, mecanismos de desbloqueo de situaciones conflictivas, reglas de transmisibilidad de las participaciones/acciones de la compañía, mecanismos antidilución, “ventanas” de salida pactadas o en caso de captación de inversión futura, asunción de compromisos de financiación, de permanencia, y un largo de etcétera, ya que es una herramienta que abre un abanico de posibilidades muy amplio y flexible, que romple con la rigidez legislativa y estatutaria. Además normalmente introduce en la negociación elementos muy importantes que suelen quedarse fuera del marco negocial inicial pero que, sin embargo, afectarán de forma sustancial al negocio target, a veces incluso a corto plazo.

Desde mi punto de vista el Pacto de Socios debe perseguir el mantenimiento de un correcto crecimiento de la empresa evitando o al menos minimizando los posibles conflictos futuros entre socios, aportando soluciones previamente pactadas para la resolución de aquellos que se planteen, por lo tanto se articula en definitiva como una garantía para la continuidad de la compañía de forma que prevalezca el interés social sobre los intereses particulares de los socios que la integran.

El Pacto de Socios debe contemplar no sólo los derechos y obligaciones que asume cada socio en la defensa de sus intereses particulares si no también los intereses de la propia sociedad y el cumplimiento del Plan de Negocio que debe guiar la actividad de la compañía. En nuestra experiencia ya nos hemos topado con varios casos en los que el Pacto de Socios suscrito ha resultado clave para resolver conflictos de socios, incluso en algunos casos ha ofrecido soluciones que han evitado el fin de la actividad.

Pero no todo son parabienes, el Pacto de Socios tiene un gran enemigo, su “oponibilidad”, es decir que los acuerdos que se alcancen entre los socios tengan efectos frente a terceros ajenos al pacto. Por ello es relevante que, en la medida de lo posible, se trasladen dichos pactos a los estatutos sociales, y aunque los registradores mercantiles siguen siendo muy reacios a la inscripción de determinados pactos y cláusulas se observa una tendencia tímida más aperturista en los últimos tiempos (al menos en cuanto al Registro Mercantil de Madrid se refiere). En cualquier caso debe quedar claro que los acuerdos alcanzados serán perfectamente exigibles entre las partes firmantes.

El próximos artículos trataremos algunas de las cláusulas más habituales de los Pactos de Socios (mayorías, drag/tag along, compromisos de financiación, consecuencias en caso de incumplimiento,…), tratando aquellas cuestiones de mayor relevancia o que deben ser analizadas con mayor detenimiento.

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